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Suele decirse que Mondoñedo y Lourenzá rivalizaron por ser sede episcopal, por lo que construyeron sus catedrales a toda prisa. Al perder Lourenzá se dejó una segunda torre a medio hacer, si bien la realidad explica esta curiosidad arquitectónica por la falta de fondos.
Nadie sabe el porqué, ya que seguramente el mejor futbolista de la historia jamás pisara la zona, pero estas curvas se llaman así. No obstante, en la comarca hay varias familias con este nombre, así que quizá algún abuelo o tío de Diego Armando sí haya pasado por aquí.
A los pies del alto de Cornería (437 metros de altura), situado entre Barreiros, Foz y Lourenzá, podemos ver el valle verde de Celeiro de Mariñaos. Una leyenda nos dice que en el siglo VI y a la muerte del obispo bretón Maeloc se enterró allí un baúl de oro con tesoros.
Al igual que en otros puntos de la costa gallega, la ría de Foz sufrió asaltos de navegantes escandinavos. En los años diez de este s. XXI, un temporal dejó sin arena a la playa de Benquerencia (Barreiros) dejando a la vista la tumba de un guerrero normando.
La playa de Arealonga o de Reinante fue una de las primeras de la zona en recibir turismo. Uno de los habituales en los años ochenta era el conocido como “el Alemán de Reinante”, un hombre que pasaba las mañanas con un detector de metales a lo largo del arenal.
De poca población, la parroquia de A Devesa contó en los años sesenta con participantes de unos campamentos de verano organizados por el régimen fascista de Franco. Aquellos niños disfrutaban de una de las playas más famosas del mundo: la de Augas Santas.
Entre los tejados de Ribadeo destaca uno en forma de cono. Es la Torre de los Moreno, edificio más icónico de la arquitectura indiana de la Mariña y que se construyó con el dinero que los hermanos Moreno ganaron en la emigración. Está enfrente del actual ayuntamiento y en su día residencia del Marqués de Sargadelos.
Es un puerto de montaña conocido por la peligrosidad de su niebla y que sirve de frontera entre A Mariña y una alta planicie conocida como A Terra Chá. En este imponente paisaje situado a setecientos metros de altura conviven caballos libres con molinos eólicos.
Pocos kilómetros al sur de Mondoñedo está el paraje de montaña Campo do Oso, donde el primer domingo de junio se celebra una edición de la fiesta gallega a rapa das bestas. Allí se recrea la costumbre de reunir caballos libres para cortarles sus crines y marcarlos.
La localidad de nacimiento del escritor Álvaro Cunqueiro tiene apenas cuatro mil habitantes, pero desde hace casi mil años es una ciudad. El título se lo otorgó el rey Alfonso VII en la primera edición de sus populares fiestas de San Lucas, que aún se celebran en los otoños.
Los eucaliptos pueblan los márgenes del trayecto entre Ribadeo y Mondoñedo. Este árbol que llegó de Australia a mediados del s. XIX como variedad ornamental es fuente de polémica en Galicia por haberse apoderado de buena parte de sus montes.
Lourenzá reposa sobre un valle y cuenta con un espléndido edificio barroco: el monasterio de San Salvador, fundado en el s. X y que preside el conjunto urbano. La localidad es parada de peregrinos del Camino del Norte y de visitantes atraídos por sus famosas fabas.
Muy cerca del centro de Foz está una de las iglesias con más encanto e historia del norte de España. Considerada la catedral española más antigua, la basílica de San Martiño de Mondoñedo fue sede episcopal doble en el s. IX al reunir los obispados de Braga y Bretoña.
Este estuario junto con el curso medio y bajo del río Masma forman un espacio protegido por la Red Natura 2000 como Zona de Especial Conservación y Protección para las Aves. Los avistamientos más interesantes se dan en invierno y en el paso migratorio otoñal.
Es una ciudad turística de diez mil habitantes que triplica su población en verano gracias a la belleza de sus playas. “Foz” significa desembocadura en gallego y aquí desemboca el río Masma, formando una ría con zonas pantanosas y un paraíso para las aves marinas.
Este municipio tiene ocho kilómetros de costa y nueve playas de varios tamaños. Todas ellas se agrupan en una línea que compone un arenal casi continuo y solo interrumpido por rocas o salientes. La temperatura de sus aguas puede superar los 20 grados con facilidad.
Es el monumento natural más espectacular de la costa lucense. Se trata de un espacio de dos kilómetros abierto al mar salpicado de roquedos, cantiles y playas arenosas entre islotes y pequeños promontorios. Las visitas están reguladas en verano y Semana Santa.
A menos de diez kilómetros de Ribadeo está el puerto de Rinlo, situado en una parroquia de apenas 300 habitantes. Aquí se constituyó una de las primeras cofradías de pescadores de España y fue puerto ballenero. Hoy es célebre por su gastronomía vinculada al mar.
Al norte de Ribadeo se encuentra el Faro de Illa Pancha, hoy convertido en establecimiento hotelero. Desde este islote unido a tierra por un pequeño puente se pueden avistar aves migratorias y surfear con tabla o moto acuática olas de más de quince metros de altura.
Del lado gallego de la ría se encuentra Ribadeo, una villa antigua de casi diez mil habitantes con una arquitectura que remite a su pasado ilustrado y colonial. Es la entrada en Galicia del Camino de Santiago Norte y se ha convertido en un enclave turístico con gran actividad.
Fue inaugurado en 1987 y su nombre se debe a las dos capillas situadas en sus extremos: una en Castropol (Asturias) y otra en Ribadeo (Galicia). Más discutido es el nombre de la ría que cruza, conocida como la Ría de Ribadeo en suelo gallego y la del Eo en el asturiano.






















